Poesia BDSM (4)

Hace tiempo escribí algunas poesías sobre BDSM que publiqué en este blog. No recuerdo el motivo por el que dejé de escribirlas, quizás porque el acto nació de la intención en comprender si se podían aunar BDSM y poesía. La respuesta era clara: la poesía, como la literatura, puede contar cualquier historia. Pero resulta que yo no soy un gran poeta, ni tan solo uno mediocre. Sea como fuere, lo intentaré de nuevo.

 

No pertenecer

No pertenecer como no poseer,

no pedir, tampoco regalar.

Poseer porque puedo

cuando puedo porque quiero.

Ayúdame a recortar el reloj,

hasta la inquietud, ayúdame.

Y, de cuanto no sea capaz, exígeme,

con la brutalidad de un martillo.

Construiré entonces caminos por y para,

dulzón, amargo o salado,

de la derrota el sabor

azotes sobre tu cuerpo.

Anuncis

Poesia BDSM (3)

La piel de la sumisa

Tu piel, torpe y gustosa,

de mi lengua, en la humedad

se resbala salada y rasposa.

 

Es esta sangrante decadencia

amparando vivas las preguntas,

no seré yo espejo de la decencia.

 

La emoción que todos rebuscan,

cuerpo escrito con impaciencia,

y esos ojos tan nuevos, me asustan.
Si me dejas, sin prisa,

y aunque no me dejes,

un solo dedo deslizaré por tu piel sumisa.

 

 

Poesia BDSM (2)

Marcha triunfal

De tiempo, tengo de sobra,

dispuestas las respuestas, todas.

De la ciénaga al palacio, emergiste.

 

Invisible es tu brío,

bruscamente aderezado.

Tu amo hizo lo que pudo.

 

Sentido y tormento, aguante y arrojo.

Tan cristiano todo.

¡Qué insensatos parecíamos!

 

Ahora entre mis brazos te doy volumen,

hasta el suelo tu mirada desciende.

Esta es la marcha triunfal del amor.

 

Tus ropas, infantiles casi

nos observan desde el suelo.

Frente al espejo estás desnuda.

 

El reciente amanecer

saluda y enmarca tu éxito.

El mero hecho de saberlo.

 

Felicidades mi envidiada sumisa,

y es que este es tu premio.

Brindemos una vez más.

Poesia BDSM

Del generoso exceso

Del generoso exceso brota la verdad,

esas verdades baldas y descalzas.

En la temerosa prudencia aparece la pérdida,

sublimidad a borbotones, sin más.

 

Ella se relacionaba con su pelo,

atormentándolo con infinita paciencia,

atendiéndolo como si ninguna otra cosa

esta ansia suya alcanzase a calmar.

 

Perennemente en su mundo cercano

donde las cosas se suceden y se asemejan.

Todas las respuestas profesaba disponer,

dejando entre renglones las preguntas.

 

Dos cervezas, aceitunas rellenas y anchoas,

veinticinco de agosto,

este calor entorpece nuestras pocas ideas

y ahoga mis cantos que son de sirena.

 

No se va a romper el cordel

aunque en el aturdimiento nos instalemos.

Si yo te digo ven, tu vienes.

Si yo te digo obedece, tu simplemente obedeces.