La bravura III (relato breve)

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El toro entornó sus ojos, cegado por el sol, ahora, en el centro de aquella plaza, el calor quemaba su piel y provocaba una conocida cólera que nacía en sus patas y finalizaba en sus astas afiladas. La mujer torera, al otro lado de la arena, con el traje ceñido a su cuerpo, sonreía blandiendo su arma. Llevaban demasiado tiempo decidiendo quien ganaría a quien y ahora había llegado el momento.

El toro decidió que daría unas vueltas alrededor de aquella mujer aparentemente frágil, estudiándola, decidiendo como penetrarla con su asta para demostrarle que era él quien mandaba. Mientras lo hacía, la mujer giraba también sobre si misma, mostrándole su arma.

Y fue en ese mismo instante que el sol perdió toda su ira, oscureciéndose tras un cúmulo de nubes grises que cedieron paso a una fiera tormenta. El público abandonó rápidamente la plaza de toros mientras toro y torera continuaban girando el uno alrededor del otro, continuaban observándose, completamente mojados.

Y fue entonces que hallaron la respuesta:  eran iguales y precisamente por eso solo podía quedar uno. Pero también entendieron que como aquella lluvia había despojado a la corrida de toda emoción, también mojaba a ambos por igual. Dos animales heridos, intentando demostrar quién era más poderoso que quien.

Iguales.

De repente, la mujer arrojó su arma lo más lejos que pudo mientras el toro se acercaba lentamente hasta ella. La mujer le acarició el lomo y el animal salvaje hincó sus patas delante de ella, a modo de reverencia. Ambos sabían que, con un solo movimiento, el toro podía acabar con la vida de la mujer, ensartándola sin dificultad, pero no lo hizo. La mujer se abrazó al cuello del animal. Ahora eran dos amantes bajo la lluvia.

Y, de esta manera, finalizó una corrida para comenzar otra, de igual a igual, olvidando sus egos y sus iras, dejando a un lado sus prioridades y permitiendo que la lluvia les ayudase a deslizarse la una sobre el otro.

Y comieron perdices, claro.

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La bravura II (relato breve)

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La mujer da dos pasos, sosteniendo el arma frente a ella. El toro bravío se retrasa unos metros, observando desconfiado, resoplando como el animal salvaje que realmente se cree. El toro intuye el peligro, a pesar de que la mujer pesa diez veces menos que él y que lo que sostiene no es ni la mitad de una de sus afiladas astas. Pese a ello, el animal salvaje recula unos metros. No las tiene todas consigo. La mujer coge aire y observa al animal. ¿Debe enfrentarse a él? No debería por el más simple de los motivos: son iguales. Los dos intentarán dominar al contrario y uno de ellos morirá en el intento. No habrá momento para banderas blancas, tampoco pausas para refrescarse. En cuanto comience la guerra, ninguno parará hasta derrotar al otro.

La mujer observa la caja que hay a sus pies. Es la segunda mudanza en tres años y está cansada, un cansancio que va más allá de lo físico. Además, en la anterior mudanza no supo desprenderse de objetos ni emociones y ahora, abriendo de nuevo las cajas, las emociones vuelven a ella. Quizás no sea el momento de enfrentarse al toro bravío. No le quedan fuerzas. Quizás lo mas inteligente sea devolver el arma a la caja, junto a sus deseos y al resto, devolver después la caja al armario. Quizás pueda esperar unas semanas, recuperar las fuerzas, volver a enfundarse en ese traje torero que tan bien le sienta, recuperar de la caja el arma y el deseo, enfrentarse entonces al toro bravío.

Porque en ese momento, a ninguno de los dos le importará perder, convencidos del significado de ganar.

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La bravura (relato breve)

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Era un toro bravo, eso creía ser, esperando pacientemente en el centro de la plaza, convencido de ser la mejor versión de lo que suponía por bravura, con la sangre latiéndole en el hocico y apretando con fuerza sus recias patas contra el suelo para coger impulso y conseguir derribar al torero. ¿Era una mujer el torero? Parece que sí, aunque lo que mejor recuerdo es el desmedido afán de ella por doblegarle y la obstinación de aquel animal (si, era un animal) por luchar contra su destino. Incluso los mejores toreros tienen un mal día, y él lo sabía.

Al abrir la siguiente caja, la torera, sentada en el suelo del comedor de su nueva casa, observó el artilugio que había allí escondido, respirando aliviada porque nadie le hubiese ayudado a abrir aquella caja. A pesar de su valentía, habría muerto de vergüenza. La mujer levantó el instrumento hacia el techo del comedor e imaginó a todo aquel público, puesto en pie, vitoreando y aplaudiendo lo que debía significar su última victoria. La mujer les saludó a todos ellos mientras el toro, en la plaza, continuaba con la vista fija en la puerta de toriles, esperando que apareciese su oponente, blandiendo aquella arma y dispuesto a enseñarle a ella el significado de la palabra bravura.

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Literatura BDSM

Escriure relats sobre temàtica BDSM pot semblar complex d’encaixar en la literatura popular precisament perquè el BDSM no és popular. En l’altre costat de la balança tenim la curiositat de molta gent per allò que significa el BDSM. Un relat, com a part del que entenem per ficció, pot ajudar-los a comprendre aquest món, còmodament asseguts al sofà, en la seguretat que poden tancar el llibre quan sentin que la seva raó està en perill.

Quan publicava els relats que componen “Relatos Perversos” a Internet, hi havia lectors que, a banda d’immerescuts afalacs, també criticaven amb feresa el fet que no eren el tipus de relat que ells buscaven per al seu moment d’onanisme nocturn. Com a lector, qualsevol expressió literària et pot agradar, o no. No escric per agradar a tothom i si aquests relats poden torbar massa o no ajudar a masturbar, ho sento. Però és impossible acontentar a tothom. Malgrat això, espero que aquesta recopilació de relats (realment perversos) us agradin tant com a mi em va agradar de construir al seu moment i ara m’ha agradat revisar, ampliar i publicar.

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Escribir relatos sobre temática BDSM puede parecer complejo de encajar en la literatura popular precisamente porque el BDSM no es popular. En el otro lado de la balanza tenemos la curiosidad de mucha gente por lo que significa el BDSM y un relato, como parte de lo que entendemos por ficción, puede ayudarles a comprender este mundo, cómodamente sentados en su sofá, en la seguridad de que pueden cerrar el libro cuando sientan que su razón está en peligro.

Cuando publicaba los relatos que componen “Relatos Perversos” en Internet, había lectores que, aparte de inmerecidos halagos, también criticaban con fiereza el hecho de que no eran el tipo de relato que ellos buscaban para su momento de onanismo nocturno. Como lector, cualquier expresión literaria te puede gustar, o no. No escribo para gustar a todo el mundo y si estos relatos pueden turbar en demasía o no ayudar masturbar, lo siento. Pero es imposible contentar a todo el mundo. A pesar de ello, espero que esta recopilación de relatos (realmente perversos) os gusten tanto como a mí me gustó de construir en su momento y ahora me ha gustado revisar, ampliar y publicar.

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“Perversos relatos”, la portada

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Ja tenim portada. Gràcies a tothom per ajudar-me a escollir el disseny de portada, especialment a Lorena Stanford per cedir-me els drets de la imatge, feta a Clandestino Barcelona Fetish Rooms.

La novel·la estarà disponible d’ací a poc temps en Amazon (en versió impresa i també en e-book).


Ya tenemos portada. Gracias a todo el mundo por ayudarme a escoger el diseño de portada, especialmente a Lorena Stanford por cederme los derechos de la imagen, tomada en en Clandestino Barcelona Fetish Rooms.

La novela estará disponible en breve en Amazon (en versión impresa y también en e-book).

Els nostres pitjors censors (nuestros peores censores)

Revisant els relats eròtics que he publicat a internet durant tots aquests anys (per una recopilació que s’hi publicarà d’aquí a poc), m’he adonat de com els temps canvien alhora que canvia la nostra percepció d’allò que és políticament correcte o no. Fa quinze anys no em preocupava ser políticament incorrecte, ésser dur o agressiu als meus relats. Ara, en revisar-los em sorprenc a mi mateix rebaixant el to, canviant paraules per altres més suaus. Aquesta societat malaltissa de la cosa políticament correcta ens ha convertit en els nostres pitjors censors.

El títol de la recopilació serà “Perversos relatos” i sóc conscient que per la natura d’alguns dels relats, més d’un se sentirà ofès fins al punt de criticar o denunciar. Molta gent no s’adona de la diferència entre ficció (o art) i realitat. S’omplen la boca dient que l’artista provoca dintre la ficció, actes reals a gent real.

Qui diu això és un ximple, tan ximple com tanmateix jo que no puc autocensurar-me.

Maleït segle XXI.


(Traducción al castellano) Revisando los relatos eróticos que he publicado en internet durante todos estos años (por una recopilación que se publicará de aquí a poco), me he dado cuenta de cómo los tiempos cambian a la vez que cambia nuestra percepción de aquello que es políticamente correcto o no. Hace quince años no me preocupaba ser políticamente incorrecto, ser duro o agresivo en mis relatos. Ahora, al revisarlos, me sorprendo a mí mismo rebajando el tono, cambiando palabras por otras más suaves. Esta sociedad enfermiza de lo políticamente correcto nos ha convertido en nuestros peores censores.

El título de la recopilación será “Perversos relatos” y soy consciente de que, por la naturaleza de algunos de los relatos, más de uno se sentirá ofendido hasta el punto de criticar o denunciar. Muchos no se dan cuenta de la diferencia entre ficción (o arte) y realidad. Se llenan la boca diciendo que el artista provoca, dentro la ficción, actos reales en gente real.

Quién dice esto es un tonto, tan tonto cómo yo que no puedo dejar de autocensurarme.

Maldito siglo XXI.

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