La mujer en el espejo (relato)

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Desde mi despreciable y encumbrada posición, observo a la mujer tomándose una foto, desnuda y sentada, frente a un espejo. Decidme que hago. Que puedo o que debería hacer. Mientras trepo en la escalera de lo trivial, me detengo a observarla de nuevo. Ella no puede verme, puede que esté haciendo esa foto para enviármela después, cual travesura donde nada se ve, pero todo se intuye. La imaginación es nuestro mejor enemigo, el combustible más poderoso para continuar trepando los peldaños. Y es que ella conoce ese secreto a voces. Es la belleza que pretendemos todos porque son esos todos los que primero miran y solo es después cuando escuchan. Nuestros ademanes, nuestros pudores, nuestras fantasías, nuestros ojos observándolo absolutamente todo.

Continúo ascendiendo por la escalera hasta que recibo la foto en mi teléfono móvil, donde ella se muestra, sin darse cuenta de que, desde el primer momento, no he dejado de admirarla. Ojalá existiese una cámara que pudiese hacernos una foto por dentro. Creo que la inventaron ya, se llama “rayos X” aunque no muestra nada de lo que queremos ver, aunque enfoque la certeza de nuestro lastimado corazón.

Tenaz error de quien mira, pero no ve.

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Atrevir-se (Atreverse)

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“Quines coses t’atrauen?”, Va preguntar ell. “M’atrau tot, tot ho vull conèixer”, va contestar ella.

Què és tot? La cosa contrària de gens? Les fronteres perden el seu sentit, difuminant-se quan veiem a la distància la silueta de quelcom que intuïm com un plaer que ens distraurà del fet quotidià.

Hi ha dues maneres d’apropar-se al BDSM, una és per necessitat, un desig que neix a la recerca d’allò que ens distreu de la (avorrida) quotidianitat. Com el drogoaddicte o l’alcohòlic que cerquen confondre la realitat, o com aquell que es llança des d’un avió sense paracaigudes. Què té de dolent fugir? Una altra forma d’acostar-se al BDSM també és per necessitat, tot i que no de fugir d’alguna cosa sinó d’apropar-se a alguna cosa, una necessitat que forma part del nostre ser, de la nostra personalitat, d’alguna cosa que envolta el nostre cor en forma de mà invisible.

Què importa si practiquem BDSM per anar o per venir? No existeix manera correcta a no ser que es tracti de la nostra manera. Fins i tot podem practicar BDSM per una barreja de totes dues coses, per fugir del punt quotidià, però també perquè quelcom ens menja per dins.

“Tot ho vull conèixer” sembla una resposta atrevida. Ningú no pot provar-ho tot, ningú hauria d’atrevir-se a tant. Però si ens oblidem d’aquest perillós “tot” ens trobarem en aquesta resposta l’actitud correcta per entrar en el BDSM: oblidar una mica el seny que neix de la quotidianitat i intentar-ho tot.


“¿Qué cosas te atraen?”, preguntó él. “Me atrae todo, todo lo quiero conocer”, contestó ella.

¿Qué es todo? ¿Lo contrario de nada? Las fronteras pierden su sentido, difuminándose cuando vislumbramos a lo lejos la silueta de algo que intuimos como un placer que nos alejará de lo cotidiano.

Hay dos maneras de acercarse al BDSM, una es por necesidad, un deseo que nace en la búsqueda de aquello que nos distraiga de la (aburrida) cotidianeidad. Como el drogadicto o el alcohólico que buscan confundir la realidad, o como aquel que se lanza desde un avión sin paracaídas. ¿Qué tiene de malo huir? Otra manera de acercarse al BDSM también es por necesidad, aunque no de huir de algo sino de acercarse a algo, una necesidad que forma parte de nuestro ser, de nuestra personalidad, de algo que rodea nuestro corazón en forma de mano invisible.

¿Qué importa si practicamos BDSM para ir o para venir? No existe manera correcta a no ser que se trate de nuestra manera. Incluso podemos practicar BDSM por una mezcla de ambas cosas, por huir de lo cotidiano, pero también porque tenemos un gusanillo que nos come por dentro.

“Todo lo quiero conocer” parece una respuesta atrevida. Nadie puede probarlo todo, nadie debería atreverse a tanto. Pero si nos abstraemos de ese peligroso “todo” encontraremos en esa respuesta la actitud correcta para adentrarse en el BDSM: olvidar un poco esa cordura que nace de la cotidianeidad e intentarlo todo.

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Actueu! (!Actuad¡)

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Encara segueixo sorprenent-me quan una persona diu estar interessada en la submissió però, a continuació, expressa els seus dubtes perquè el seu caràcter no és gens submís. També succeeix el contrari, qui vol ser dominant, però es considera una persona contrària a actuar d’aquesta manera. La meva contestació sempre és la mateixa: quan assumim un paper, busquem el fet contrari d’allò que som, això ens permet prendre’ns unes vacances de nosaltres mateixos, però també transforma l’experiència en quelcom més divertit, quelcom poderós, un parèntesi de plaer culpable quan entenem que és un paper. Podem “actuar” sense aquesta por a imaginar que acabarem convertint-nos en allò que no som. Imagineu ara a un actor o una actriu de cinema. Creieu que volen interpretar a un actor de cinema amb una vida semblant a la seva? Interpretar-se a si mateixos? Prefereixen interpretar personatges històrics o dolents o discapacitats, gent diametralment oposada a allò que són. Primer perquè és un repte professional però també perquè això els ajuda al fet que el seu treball sigui més entretingut, més visual, més espectacular.

Les millors submises que he conegut eren persones amb responsabilitats empresarials o dones de marcat caràcter. Persones que, a priori, eren la cosa més allunyada a una fotografia d’elles sotmetent-se a una persona. Les millors submises que he conegut eren aquelles que millor entenien que sotmetre era una manera d’alliberar-se de si mateixes. Això les empenyia alhora que les excitava.

Jugueu amb els vostres amics (si són aquest tipus d’amics), amb els vostres amants o amb la vostra parella. Però mai deixeu de jugar, d’experimentar, de descobrir, de divertir-vos com un nen petit davant d’un regal de Nadal. Adopteu un paper diferent d’allò que sou.

Actueu.


Aún sigo sorprendiéndome cuando una persona dice estar interesada en la sumisión pero, a continuación, expresa sus dudas porque su carácter no es nada sumiso. También sucede lo contrario, quien quiere ser dominante, pero se considera una persona contraria a actuar de esa manera. Mi contestación siempre es la misma: cuando asumimos un rol, buscamos lo contrario de lo que somos, eso nos permite tomarnos unas vacaciones de nosotros mismos, pero también transforma la experiencia en algo más divertido, algo poderoso, un paréntesis de placer culpable cuando entendemos que es un rol. Podemos “actuar” sin ese miedo a imaginar que acabaremos convirtiéndonos en lo que no somos. Imaginad ahora a un actor o una actriz de cine. ¿Creéis que quieren interpretar a un actor de cine con una vida parecida a la suya? ¿Interpretarse a sí mismos? Prefieren interpretar personajes históricos o villanos o discapacitados, gente diametralmente opuesta a ellos. Primero porque es un reto profesional pero también porque eso les ayuda a que su trabajo sea más entretenido, más visual, más espectacular.

Las mejores sumisas que he conocido eran personas con responsabilidades empresariales o mujeres de marcado carácter. Personas que, a priori, eran lo más alejado a una fotografía de ellas sometiéndose a una persona. Las mejores sumisas que he conocido eran aquellas que mejor entendían que someterse era una manera de liberarse de sí mismas. Eso las empujaba al tiempo que las excitaba.

Jugad con vuestros amigos (sin son ese tipo de amigos), con vuestros amantes o con vuestra pareja. Pero nunca dejéis de jugar, de experimentar, de descubrir, de divertiros cual niño pequeño delante de un regalo de navidad. Adoptad un rol diferente a aquello que sois.

Actuad.

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La bravura III (relato breve)

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El toro entornó sus ojos, cegado por el sol, ahora, en el centro de aquella plaza, el calor quemaba su piel y provocaba una conocida cólera que nacía en sus patas y finalizaba en sus astas afiladas. La mujer torera, al otro lado de la arena, con el traje ceñido a su cuerpo, sonreía blandiendo su arma. Llevaban demasiado tiempo decidiendo quien ganaría a quien y ahora había llegado el momento.

El toro decidió que daría unas vueltas alrededor de aquella mujer aparentemente frágil, estudiándola, decidiendo como penetrarla con su asta para demostrarle que era él quien mandaba. Mientras lo hacía, la mujer giraba también sobre si misma, mostrándole su arma.

Y fue en ese mismo instante que el sol perdió toda su ira, oscureciéndose tras un cúmulo de nubes grises que cedieron paso a una fiera tormenta. El público abandonó rápidamente la plaza de toros mientras toro y torera continuaban girando el uno alrededor del otro, continuaban observándose, completamente mojados.

Y fue entonces que hallaron la respuesta:  eran iguales y precisamente por eso solo podía quedar uno. Pero también entendieron que como aquella lluvia había despojado a la corrida de toda emoción, también mojaba a ambos por igual. Dos animales heridos, intentando demostrar quién era más poderoso que quien.

Iguales.

De repente, la mujer arrojó su arma lo más lejos que pudo mientras el toro se acercaba lentamente hasta ella. La mujer le acarició el lomo y el animal salvaje hincó sus patas delante de ella, a modo de reverencia. Ambos sabían que, con un solo movimiento, el toro podía acabar con la vida de la mujer, ensartándola sin dificultad, pero no lo hizo. La mujer se abrazó al cuello del animal. Ahora eran dos amantes bajo la lluvia.

Y, de esta manera, finalizó una corrida para comenzar otra, de igual a igual, olvidando sus egos y sus iras, dejando a un lado sus prioridades y permitiendo que la lluvia les ayudase a deslizarse la una sobre el otro.

Y comieron perdices, claro.

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