Mentides (Mentiras)

tumblr_mlnna3ogcc1qbekkko1_1280Tenim por a ser feliços, una por que és quelcom irracional com a temor i quelcom estúpid com a concepte. Algunes persones diuen que tenim por a ser infeliços. MENTIDA. Allò que realment ens impedeix dormir a les nits és aquesta incerta possibilitat de ser completament feliços perquè, llavors, no ens restarà res a aconseguir. Per veure el color blanc necessitem el color negre. I viceversa. El problema arriba quan ens MENTIM a nosaltres mateixos i projectem la nostra MENTIDA en els altres. No puc conèixer-te perquè no podria ser mai la teva submisa. MENTIDA. Per descomptat que no podries ser-ho, però pots conèixer-me. El problema no és la teva incapacitat per ser submisa, tampoc la teva incapacitat per fer feliços als altres… el teu únic problema és la teva pròpia incapacitat per ser feliç tu.


(Traducción al castellano) Tenemos miedo a ser felices, un miedo que es irracional como temor y estúpido como concepto. Algunas personas dicen que tenemos miedo a ser infelices. MENTIRA. Lo que realmente nos impide dormir por las noches es esa incierta posibilidad de ser completamente felices porque, entonces, no nos quedará nada por conseguir. Para ver el color blanco necesitamos del color negro. Y viceversa. El problema llega cuando nos MENTIMOS a nosotros mismos y proyectamos nuestra MENTIRA en los demás. No puedo conocerte porque no podría ser nunca tu sumisa. MENTIRA. Por supuesto que no podrías serlo, pero puedes conocerme. El problema no es tu incapacidad para ser sumisa, tampoco tu incapacidad para hacer felices a los demás… tu único problema es tu propia incapacidad para ser feliz tú.

La suma que resta

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En una ocasió vaig conèixer a una vegetariana, era una dona perfecta (com a mínim vista des de l’òptica de les meves cinc diòptries) tot i que era vegetariana. La nostra primera cita va ser a un restaurant… vegetarià. Només recordo unes estranyes amanides d’hortalisses de nom impronunciable i una mena d’hamburgueses de tofu amb salsa de soia que era la cosa més semblant a llepar el tub de fuita d’un autobús. El menjar va ser una merda, però la cita va sortir genial. Ella era maca, intel·ligent, divertida i encantadora. En acabar vam anar a un bar de copes i allí també vaig descobrir que ella no bevia alcohol (tot i que l’alcohol és 100% vegetarià, clar). Mentre bevia el meu gin-tònic i caçava les fruites que flotaven el (per poder sopar alguna cosa) vaig imaginar com seria la meva vida al costat d’aquella dona perfectament imperfecta. Una vida de tofu, crema d’albergínies i daiquiri sense alcohol?

En comptes de fer-me aquesta pregunta, vaig continuar la conversa i vam estar junts molt de temps.

La relació no va acabar perquè ella fos vegetariana o no begués alcohol perquè després vaig descobrir que era catòlica, li agradava el futbol i li encantava llegir a Claudio Coehlo (tres de les coses que més m’avorreixen al món). La relació va acabar perquè va acabar l’amor, sense més.

La meva següent parella era carnívora, bevia cervesa com qui beu aigua i li encantava que la lligués al llit mentre fèiem l’amor.

I aquesta segona relació va acabar també quan va acabar l’amor, a pesar que coincidíem en tot.

Mai prejutgeu abans de conèixer. L’amor pot funcionar amb la persona més allunyada a allò que busquem o pot deixar de funcionar amb la persona més compatible amb nosaltres.

I és que l’amor gens té a veure amb menjar vegetarià, gin-tònics, religió, futbol, literatura o BDSM.

Tots som més que això, fins i tot més que la suma de tot això.


(Traducción al castellano) En una ocasión conocí a una vegetariana, ella era una mujer perfecta (al menos desde la óptica de mis cinco dioptrías) aunque era vegetariana. Nuestra primera cita fue en un restaurante… vegetariano. Solo recuerdo unas extrañas ensaladas de hortalizas de nombre impronunciable y una especie de hamburguesas de tofu con salsa de soja que era lo más parecido a lamer el tubo de escape de un autobús. La comida fue una mierda, vaya, pero la cita fue genial. Ella era guapa, inteligente, divertida y encantadora. Al acabar la cita fuimos a un bar de copas y allí descubrí también que ella no bebía alcohol (aunque el alcohol es 100% vegetariano, claro). Mientras bebía mi gin-tonic y cazaba los arándanos que flotaban en el (para poder cenar algo) imaginé como sería mi vida con aquella mujer perfectamente imperfecta. ¿Una vida de tofu, crema de berenjenas y daiquiri sin alcohol.

En vez de hacerme esa pregunta, continué la conversación y estuvimos juntos mucho tiempo.

La relación no acabó porque ella fuese vegetariana o no bebiese alcohol porque después descubrí que era católica, le gustaba el futbol y le encantaba leer a Claudio Coehlo (tres de las cosas que más me aburren en el mundo). La relación acabó porque acabó el amor, sin más.

Mi siguiente pareja era carnívora, bebía cerveza como quien bebe agua y le encantaba que la atase a la cama mientras hacíamos el amor.

Y esa segunda relación acabó también cuando acabó el amor, a pesar de que coincidíamos en todo.

Nunca prejuzguéis antes de conocer. El amor puede funcionar con la persona más alejada a lo que buscamos o puede dejar de funcionar con la persona más compatible con nosotros.

Y es que el amor nada tiene que ver con comida vegetariana, gin-tonics, religión, futbol, literatura o BDSM. Todos somos más que eso, incluso más que la suma de todo eso.

Clares senyals de petulancia (Claras señales de petulancia)

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Aquells que em coneixen (en persona) saben quan de diferent puc ser de la presència que projecto a la virtualitat (del món digital). M’adono d’això i, malgrat ser permanentment conscient d’aquest parany, no puc evitar caure en ell una vegada i una altra.

En la “virtualitat” puc ser estúpid com amable sóc a la vida “real”. Al principi pensava que jo era un autèntic cabró a qui la covardia impedeix crear conflictes quan miro als ulls de l’altre. Però no: dir que sóc un autèntic cabró significaria dir que el cabró és la cosa autèntica que hi ha en mi.

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Aquells que em coneixen a la virtualitat es desencanten quan em coneixen a la realitat pel senzill motiu que sóc tot el contrari d’allò que projecto. Si volen quedar amb mi perquè els atreu que sigui un cabró (o un amo inflexible), després troben a una persona amable i conciliadora i això els decep. Els qui no els agrada que sigui un cabró, eviten quedar amb mi i es perden aquesta altra persona que realment sóc i que, estic segur, els encantaria.

Conec allò que sóc, però sóc incapaç de ser-ho quan no veig els ulls de l’altra persona. Per què? Només sé que faig mal algunes persones en aquesta virtualitat, sense pretendre-ho. Fins i tot a persones que conec en la realitat, després sóc un estúpid amb elles en la virtualitat. Què succeeix?

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No sé, però el meu ferm propòsit a partir d’ara mateix és ser menys dur en la virtualitat i potser menys tou a la vida real. Potser així trobaré aquest punt intermedi que és qui realment sóc. Qui sap.

Sigui com sigui, demano perdó.


Quienes me conocen (en persona) saben que diferente puedo ser de la presencia que proyecto en la virtualidad (del mundo digital). Yo mismo me doy cuenta de eso y, a pesar de ser permanentemente consciente de esta trampa, no puedo evitar caer en ella una y otra vez.

En la “virtualidad” puedo ser tan borde como amable soy en la vida “real”. Al principio pensaba que yo era un auténtico borde al que la cobardía impide crear conflictos cuando miro a los ojos de la otra persona. Pero no: decir que soy un auténtico borde significaría decir que lo borde es lo auténtico que hay en mí.

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Quienes me conocen en la virtualidad se desencantan cuando me conocen en la realidad por el simple motivo que soy lo contrario de lo que proyecto. Si quieren quedar conmigo porque les atrae que sea un borde (o un amo inflexible), después encuentran a una persona amable y conciliadora y eso les decepciona. Quienes no les gusta que sea un borde, evitan quedar conmigo y se pierden esa otra persona que realmente soy y que, estoy seguro, les encantaría.

Se lo que soy, pero soy incapaz de serlo cuando no veo los ojos de la otra persona. ¿Por qué? Solo sé que hago daño algunas personas en esta virtualidad, sin pretenderlo. Incluso a personas que conozco en la realidad, después soy un borde con ellas en la virtualidad. ¿Qué sucede?

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No sé, pero mi firme propósito a partir de ahora mismo es menos duro en la virtualidad y quizás un menos blando en la vida real. Quizás así encontraré ese punto intermedio que es quien realmente soy. Quién sabe.

Sea como sea, pido perdón.

La mujer del puente (relato breve)

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Ella me espera en su casa, me ha dado la dirección minutos antes, la dirección exacta, me refiero. Supongo que temía hacerlo antes por si se arrepentía en el último momento. La entiendo mejor de lo que cree. La línea que separa la valentía de la locura es tan fina que traspasarla depende tan solo de un breve estado de ánimo. Subo las escaleras y llego al rellano, la puerta está entreabierta, con una débil luz que llega desde alguna parte. Una luz que parece moverse, unas velas quizás. Entro en la casa y percibo el olor: son velas, en efecto. Esa luz temblorosa ilumina las formas, moviendo las sombras como en una especie de inquietante espectáculo de baile. Una hilera de velas que, además, me guía hasta una habitación. Allí está ella, completamente desnuda y estirada encima de una cama. Me mira y sonríe, la miro y sonrío. Esa es la única voluntad que le he permitido a mi nueva sumisa: el que pueda verme antes de que le ponga una venda en los ojos. Camino lentamente hasta ella y la observo, ese cuerpo desnudo, ese rostro, esos ojos temblorosos. Es sencillamente perfecta. Saco una venda del bolsillo y le vendo los ojos, después la ato a la cama, con los brazos y las piernas separadas. Observo su sexo, su estómago, sus pies. Lo observo todo detenidamente. Todo eso me pertenece ahora y es tan hermoso… aunque no en el sentido habitual de la palabra. De acuerdo, es una mujer objetivamente hermosa, eso es indudable. Pero en realidad hablo de la mujer más hermosa del mundo porque es valiente, es inteligente y porque es mía. El cuerpo es tan solo una herramienta que hay que saber usar. No existe un piano hermoso sin un pianista virtuoso. Un lienzo, sin un buen artista es solo un trozo de tela en blanco, inexpresiva y silenciosa.

Dejo caer la punta de uno de mis dedos sobre su frente, después lo deslizo suavemente hasta la nariz, sus labios, su barbilla… mi dedo recorre con paciencia cada esquina de su cuerpo. Tan solo eso. Comenzando a dibujar el cuadro de la que será mi sumisa, con paciencia y admiración.

Y mientras eso sucede, ella continúa temblando de emoción.

Covards (cobardes)

índiceTots som covards: els que anem i els que venim, els que estem i els que ens amaguem, els que desitgem i els que temem. Tots, sense distinció, som iguals i som covards. Potser hauria de dir que som còmodes. Potser hauria de dir que som uns inconscients. Sigui com sigui, estiguem a on estiguem, tots (sense excepció) som uns covards. La veritable valentia consisteix a afrontar la covardia, assumir que som uns covards i comprendre que la vida no és allò que tenim sinó allò que desitgem. Tots som tan covards que traspassem la culpa d’aquesta covardia a qui ens envolten. Quina és la solució? No hi ha, simplement. Els valents són uns covards disfressats per carnestoltes. Però són igual de covards que nosaltres. Quin és la solució? Viure en la nostra covardia i intentar, en algun moment d’extrema lucidesa, escapar.


(Traducción al castellano) Todos somos cobardes: los que vamos y los que venimos, los que estamos y los que nos escondemos, los que deseamos y los que tememos. Todos, sin distinción, somos iguales y somos cobardes. Quizás debería decir que somos cómodos. Quizás debería decir que somos unos inconscientes. Sea como sea, estemos donde estemos, todos (sin excepción) somos unos cobardes. La verdadera valentía consiste en afrontar la cobardía, asumir que somos unos cobardes y entender que la vida no es lo que tenemos sino lo que deseamos. Todos somos tan cobardes que echamos incluso la culpa de esa cobardía a quienes nos rodean. ¿Cuál es la solución? No la hay, simplemente. Los valientes son unos cobardes disfrazados por carnaval. Pero son igual de cobardes que nosotros. ¿Cuál es la solución? Vivir en nuestra cobardía e intentar, en algún momento de extrema lucidez, escapar.