Què és el BDSM? (¿Qué es el BDSM?)

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Després de 557 entrades publicades a aquest bloc, m’he adonat que he intentat definir gairebé tot menys allò més important. Aquest és l’error de qui creu saber-ho tot, que es centra en el detall i oblida que algunes persones necessiten una visió global. Ningú pot llegir 557 entrades per entendre que és el BDSM. El meu error és que, sempre he suposat que les persones que arribaven fins a aquí, ja sabien que és el BDSM, potser perquè l’havien vist, llegit o escoltat a qualsevol altre lloc.

Què és el BDSM?

Intentaré explicar-ho com si davant meu tingués a una raça alienígena que pretén comprendre a la raça humana abans d’exterminar-nos.

Senyor Alienígena, el BDSM és una pràctica que executen algunes persones (al voltant del 15% de la població) a on una persona se sotmet a la voluntat d’una altra. La diferència respecte a un altre tipus de capitulacions és que el BDSM és voluntària i a on tots dos guanyen. A partir d’això, hi ha milers, milions de formes de practicar BDSM, tantes formes com persones hi ha al planeta terra. Molts terrícoles associen BDSM a sexe extrem, però no sempre és així, pot ser que sigui el pas lògic (el següent capítol) però també hi ha relacions BDSM sense sexe. És complicat de comprendre que, esforçant-nos a canviar la societat perquè tots siguem iguals, tenim una pràctica on ens esforcem a imposar-nos uns sobre els altres. La clau està en el consens. Al BDSM tota la gent actua de la manera que volen perquè així ho desitgen. El fet contrari seria violència, violació, imposició, abús, humiliació, etc. i això no és BDSM. De vegades fem servir el terme “abús” o “humiliació” al BDSM però això és perquè algú desitja que abusin d’ell, algú desitja ser humiliat, pràctiques que porten a aquesta persona fins al plaer. Perquè d’això parlem senyors alienígenes: de plaer. Ho fem per plaer, sigui físic o intel·lectual.

Així de febles som els humans.


Después de 557 entradas publicadas en este blog, he caído en la cuenta de que he intentado definir casi todo menos lo mas importante. Ese es el error de quien cree saberlo todo, que va al detalle y olvida que algunas personas necesitan una visión global. Nadie puede leer 557 entradas para entender que es el BDSM. Porque ese ha sido mi error, siempre he dado por sentado que la gente que llegaba hasta este blog ya sabía lo que es el BDSM, quizás porque lo habían visto, leído o escuchado en cualquier otro lugar.

¿Qué es el BDSM?

Intentaré explicarlo como si frente a mi tuviese a una raza alienígena que pretende comprender a la raza humana antes de exterminarnos.

Señor Alienígena, el BDSM es una práctica que ejecutan algunas personas (alrededor del 15% de la población) donde una persona se somete a la voluntad de otra. La diferencia respecto a otro tipo de capitulaciones es que el BDSM es la única voluntaria y donde ambos ganan. A partir de eso, hay miles, millones de formas de practicar BDSM, tantas formas como personas hay en el planeta tierra. Muchos terrícolas asocian BDSM a sexo extremo, pero no siempre es así, puede que para ellos sea el paso lógico (el siguiente capítulo) pero también existen relaciones BDSM sin sexo. Es complicado de entender que, esforzándonos en cambiar la sociedad para que todos seamos iguales, tenemos una práctica donde nos empeñemos en imponernos unos sobre los otros. La clave esta en el consenso. En el BDSM ambas todas las personas actúan de la forma que desean porque así lo desean. Lo contrario sería violencia, violación, imposición, abuso, humillación, etc. y eso no es BDSM. En ocasiones utilizamos el término “abuso” o “humillación” en el BDSM pero sucede porque alguien desea que abusen de él, alguien desea ser humillado, prácticas que llevan a esa persona hasta el placer. Porque de eso hablamos señores alienígenas: de placer. Lo hacemos por placer, ya sea físico o intelectual.

Así de débiles somos los humanos.

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Ana

Captura

L’Ana és, no tinc cap dubte, una de les dones més maques que he vist mai, una afirmació que neix als seus ulls cristal·lins com un ideal oceà descrit pel millor dels poetes. Tota ella és un perfecte exemple dels motius pels quals els homes s’enamoren, en secret, des del seu somriure als seus peus. Irrepetible tot.

Ambicionar la perfecció

Sóc home, sóc amo, i amb Ana, sense compendre el motiu, surt l’amo dels començaments, l’abisme de les destinacions a on el Hyde és incapaç de contenir a Jekyll. Cap tret em diu que ella sigui submisa, tot i que tants anys exercint d’amo ha instal·lat en un conat de joquesé que m’empeny contra qui posseeix tot allò que jo cerco. Estic dient que Ana és una submisa sense saber-ho? No. Estic dient que l’Ana té por, ignorància o prejudicis? Tot el contrari, allò que dic és que ella podria descobrir allò d’ella mateixa, allò que qualsevol ambiciona i que la majoria desconeix. La mort té les coses tan clares que ens ha donat una vida extra, malgastar és d’idiotes, sense més.

No aspiro a dominar ni a sotmetre a l’Ana, crec que ningú podria fer això, encara que ella ho volgués. Intentar-ho seria la cosa el més semblant a lluitar contra els elements. David contra Goliat. Hyde contra Jekyll.

La raó contra el plaer. Comença la lluita.

En comptes d’això, simplement la contemplaria nua: les seves espatlles, el seu rostre, aquests meravellosos ulls ara ocults després d’una bena, la seva perfecta boca, tremolosa, sentir la seva respiració i respirar com ella, el mateix ritme, veure com reacciona a una cosa tan simple, tan perillós, tan excitant com el no res.

Després l’ajudaré a vestir-se i me n’aniré, la deixaré amb els ulls encara embenats, perquè es contempli a si mateixa de forma veritable, en la convicció que tots necessitem un moment de controlada i innocent bogeria.

Ella, jo, vosaltres, qualsevol.


Ana es, no tengo duda, una de las mujeres más hermosas que he visto, una afirmación que nace en sus ojos cristalinos como un ideal océano descrito por el mejor de los poetas. Toda ella un perfecto ejemplo de los motivos por los que los hombres se enamoran, en secreto, desde su sonrisa a sus pies. Irrepetible todo.

Ambicionar la perfección

Soy hombre, soy amo, y con Ana, sin entender el motivo, sale el de amo de los comienzos, el abismo de los destinos donde el Hyde es incapaz de contener a Jekyll. Ningún rasgo me dice que ella sea sumisa, aunque tantos años ejerciendo de amo ha instalado en un conato de yoquesé que me empuja contra quien posee cuanto ambiciono. ¿Estoy diciendo que Ana es una sumisa sin saberlo? No. ¿Estoy diciendo que Ana tiene miedo, ignorancia o prejuicios? Todo lo contrario, lo que digo es que ella podría descubrir de sí misma manera algo que cualquiera ambiciona y que la mayoría desconoce. La muerte tiene las cosas tan claras que nos ha dado una vida extra, desperdiciarla es de idiotas, sin más.

No codicio dominar ni someter a Ana, creo que nadie podría hacer eso, ni, aunque ella lo pretendiese. Intentarlo sería lo más parecido a luchar contra los elementos. David contra Goliat. Hyde contra Jekyll.

La razón contra el placer. Comienza la lucha.

Si hay algo que me gustaría hacer con ella, no me gustaría hacerlo por ella, sino por mí. El egoísta es quien que se empeña en hablarte de sí mismo cuando tú te estas muriendo de ganas de hablarle de ti. Estoy hablando de mí, estoy hablando (escribiendo) en vez de escuchar. ¿Soy egoísta?

Seguramente, aunque desde mi egoísmo desearía proponerle algo a Ana.

Mi egoísmo pediría a Ana que me esperase en su casa, con los ojos vendados, me colocaría frente a ella y la desnudaría. Cualquiera ambicionaría continuar, aunque yo, no como amo, tampoco como hombre, lo único que desearía es tomar asiento y contemplarla, ahí de pie, con los ojos vendados, como una sumisa que comienza algo que nunca acabará. En esos momentos desearé mostrarle lo que es un placer que pocos conocen, alejado de todo placer sexual, el placer en dominar o en ser dominado. Desearía enseñarle lo que es un amo o, mejor dicho, mostrarle a si misma esa parte que todos tenemos escondida y que se ancla en el placer culpable.

En vez de eso, simplemente la contemplaría desnuda: sus hombros, su rostro, esos maravillosos ojos ahora ocultos tras una venda, su perfecta boca, temblorosa, oír su respiración y acompasarme a ella, ver cómo reacciona a algo tan simple, tan peligroso, tan excitante como la nada.

Después la ayudaré a vestirse y me iré, la dejaré con los ojos aun vendados, para que se contemple a si misma de forma verdadera, en la convicción de que todos necesitamos un momento de controlada e inocente locura.

Ella, yo, vosotros, cualquiera.

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La sumisa insumisa

Hoy voy a (intentar) escribir acerca de las sumisas insumisas, un acto que no comparto (el que existan, no el escribir), supongo que porque mi condición de hombre y amo me sitúan en un terreno donde mi ego está más desproporcionado que la entrepierna de Nacho Vidal. Mi primera reacción ante una sumisa insumisa es la de un ataque a mi autoridad y eso hace que se me agolpe la sangre en las sienes impidiéndome pensar con más claridad. ¿Una sumisa insumisa? ¡Hereje! ¡Bruja! ¡Malvada!

Perdón.

Quizás este texto escrito desde la frialdad de mi particular Villa Soledad me ayude a entender ese maravilloso contrasentido que existe en el concepto sumisa insumisa. Me costará mucho pero como dijo Jack el destripador: “si no lo intentas, no lo consigues“. También dijo “vamos por partes” pero ese chiste está gastado.

Desde mi subjetivo punto de vista hay dos tipos de sumisas insumisas: las que actúan conscientes de su rebelión y las que no. Las llamaré “sumisa insumisa consciente” y “sumisa insumisa inconsciente”. Bueno, he acuñado dos términos nuevos para que la sociedad siga etiquetando, asi que supongo que ya puedo morir tranquilo. Poned en mi esquela “murió con una sonrisa en la boca, el pene erecto e inventó dos nuevos términos BDSM que nadie necesita”.

Comencemos por la sumisa insumisa consciente, la que actúa como parte de un juego donde busca el castigo o busca la confrontación. ¿Mi opinión? Me parecen unos seres despreciables que merecen morir en la hoguera entre terribles sufrimientos. Si se les tortura antes, mejor. No hay más preguntas, señor juez (acaba de volver a hablar mi ego de amo). Si quieres jugar, cómprate una playstation y mata zombis. Yo soy amo y no contemplo los roles como una noche de carnaval. Si quieres que sea tu amo para ponerme a prueba, mejor búscate a otro. No analizaré más porque es una figura que no me interesa, nunca me ha interesado la gente así, ni en el BDSM ni en la vida.

Luego tenemos a las sumisas insumisas que se saben sumisas, pero se desconocen insumisas. Menudo lio ¿no? Son las que he bautizado como sumisa insumisa inconsciente. Esta personalidad me parece interesante pues estaríamos hablando de comportamientos anclados en el subconsciente. ¿Y que es el BDSM si no un comportamiento anclado en el subcosciente? Quiero ser sumisa pero mi cerebro de rebela. Voluntad contra animalidad. Lógica contra deseo. Doctor Jeckyll contra el señor Hyde. ¿Por qué actúan así? Una amiga, alguien que me empujó a escribir este artículo, me explicó lo siguiente: “Si ganas caigo como una gata, pero si no ganas no finjo absolutamente nada. No puedo fingir la sumisión, y es difícil someterme. Entonces en todo ese proceso, o si ya estoy sumida y la cagas en algo, me salgo del papel y me cabrea pues no finjo y me rebelo”. Es una reflexión interesante de alguien que quiere ser sumisa, pero cuando (consciente o inconscientemente) interpreta que el amo no la entiende o no es el amo que necesita, entonces su cerebro se rebela. O por expresarlo de otra forma: si todo fluye es sumisa, pero si no fluye, surge su parte insumisa. Empatizo con un comportamiento asi porque no creo que sea algo buscado sino más bien la proyección de la frustración del momento, una frustración que se transforma algo real: la insumisión. Un acto inconsciente porque la sumisa desea realmente ser sumisa, no busca el juego de provocar al amo, lo único que desea es que que la comprendan, que la acompañen a ese terreno donde puede ser realmente sumisa. Si eso no sucede, entonces su subconsciente acaba con lo que ha comenzado porque finaliza aquello que no debe ser. Justicia poética, en cierta manera. Creo que ahí radica el secreto de la sumisa insumisa, es alguien profundamente intelectual que no acepta la mediocridad en un proceso tan intenso y emocional como es el ser dominado. Y se rebela.

Stephen King, respecto a nuestros monstruos, dice “cuando hablamos de la monstruosidad, estamos expresando nuestra fe y creencia en la norma y guardándonos del mutante”. ¿La sumisa insumisa debe obviar la norma y continuar siendo insumisa? ¿Debe soltar el monstruo o guardarlo dentro de ella? En el caso de la sumisa insumisa consciente, podría retener el monstruo en pos de la concordia, pero su egoísmo la mueve al terreno donde resulta más divertido retar al amo que disfrutar siendo sumisa. Un terreno donde su “yo” será siempre más importate que el resto. ¿Qué hacer? Vosotros haced lo que os plazca, yo la apartaré con un palo y continuaré mi camino. En lo que respecta a la sumisa insumisa inconsciente, está claro que el monstruo, ese Hulk, ese Mr. Hyde o ese hombre lobo, surgen como parte del momento (la ira, el deseo, la luna…) y no puede controlarlo. Ahí es donde hay un trabajo que hacer porque si no es consciente de su rebeldía y la sumisa me parece interesante, entonces estoy obligado (si: “ogligado”) a poner todos mis sentidos para comprenderla, para entender que necesita y mantener la bestia a salvo, debo conocer aquello que la saca de su papel de sumisa y debo evitarlo a toda cosa. Requiere un sobreesfuerzo, pero merece la pena.

De todas formas, ambas sumisas son un reto. Y no deberíamos aceptar según que retos si no estamos dispuestos a luchar, por mucho que esas sumisas nos atraigan. Caer en la trampa de imaginar que el una sumisa es insumisa por algo secundario es caer en la misma trampa que ver a Messi jugar a fútbol e imaginar que parece tan sencillo que podemos hacer lo mismo.

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Pd. Este texto lo he escrito en castellano y, en esta ocasión, no voy a poner la versión en catalán, espero que me sepáis disculpar. No hay motivo concreto, quizás pereza, por la longitud del texto.

Pd2. Cuando en el texto hablo de amos y sumisas, me refiero a dominados y dominantes, sean del género que sean. La mayoría de las veces utilizo el género masculino para el dominante (amo) y el femenino para el dominado (sumisa) porque esa es mi realidad y olvido otras realidades. No obstante, la mayoría de mis textos son aplicables a cualquier género. Es más, estoy convencido de que, por lo primitivo del cerebro masculino, existen más sumisos insumisos que sumisas insumisas (especialmente del tipo “sumisos insumisos conscientes”).

 

BDSM i aftercare (BDSM y aftercare)

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Què és el “aftercare” al BDSM? La meva resposta seria: el concepte “aftercare” és una altra d’aquestes etiquetes en anglès que utilitzem per definir quelcom que ja coneguem, només que transportant-la a un espai “normatiu” o “modern”. A més a més, l’aftercare és quelcom que hauria de succeir sempre a l’acabar la sessió, un moment en què tots dos ocuparan el benestar de l’altre, tant en l’àmbit físic com intel·lectual. Quelcom així com eliminar les màscares i preocupar-se de l’altre al marge dels rols. Quan dic que l’aftercare és tant físic com intel·lectual, em refereixo al contacte físic o al contacte emocional. Una sessió de BDSM desgasta, pot esgotar tant físicament com mentalment, fins i tot poden donar-se conflictes que no es resolen durant la sessió (per la dinàmica, pels rols impostos o pel context). L’aftercare hauria de solucionar això (o part d’això). Descansar, curar les ferides, xerrar de la sessió, cuidar-se de l’altre, etc. Molts creuen que en aquest moment, l’atenció després de l’únic és l’amo, qui s’encarrega de “curar” tant físicament com emocionalment a la submisa però no és així, en realitat és una volta a la “normalitat” per a tots dos rols. Si ens deixem les màscares, les deixem tots dos. Hi ha qui assegura que l’aftercare hauria de succeir, fins i tot, després de dutxar-nos i vestir-nos, sense cap element BDSM a la vista i lluny de la masmorra. O per dir-ho d’una altra manera: allunyant-nos de tot allò que ens recordi la relació dominant / submís que va succeir poc abans, intentant igualar posicions. Altres diuen que l’aftercare és només emocional. Novament estem posant-li portes al camp: Què importa que l’aftercare inclogui el fet físic o només l’emocional? El concepte amb el qual ens hauríem de quedar és que, després d’una sessió, hem de tornar a la normalitat, d’igual a igual, parlant d’allò que succeeix, netejant qualsevol trauma, malentès o problema no resolt durant la sessió, netejant qualsevol traça de conflicte, per petita que sigui, que arrossegaríem fins a la següent sessió, tenint cura de no caure en la sobreprotecció (per part de l’amo), mostrant-nos totalment sincers i exposant les nostres emocions a banda de qualsevol paper.

Cuidar de les persones, simplement.


¿Qué es el aftercare en el BDSM? Mi respuesta sería: el concepto “aftercare” es otra de esas tontas etiquetas en inglés que utilizamos para definir algo que ya conocemos, solo que transportándola a un espacio “normativo” o “moderno”. Etiquetas aparte, el aftercare es algo que debería suceder siempre al acabar la sesión, un momento donde ambos se ocuparán del bienestar del otro, tanto a nivel físico como intelectual. Algo así como quitarse las máscaras y preocuparse del otro al margen de los roles. Cuando digo que el aftercare es tanto físico como intelectual, me refiero al contacto físico o al contacto emocional. Una sesión de BDSM desgasta, puede agotar tanto en el ámbito físico como en el intelectual, incluso pueden darse conflictos que no se resolverán durante la sesión (por la dinámica, por los roles impuestos o por el contexto). El aftercare debería solucionar eso (o parte de eso). Descansar, curarse las heridas, charlar de la sesión, cuidar el uno del otro, etc. Muchos creen que en ese momento aftercare solo es el amo quien se encarga de “curar” tanto física como emocionalmente a la sumisa pero no es así, en realidad es una vuelta a la “normalidad” para ambos roles. Si nos quitamos las máscaras, nos las quitamos los dos. Hay quien asegura que el aftercare debería suceder, incluso, después de ducharnos y vestirnos, sin ninguna parafernalia BDSM a la vista y lejos de la mazmorra. O por decirlo de otra manera: alejándonos de todo aquello que nos recuerde la relación dominante/sumiso que sucedió poco antes, intentando igualar posiciones. Otros dicen que el aftercare es únicamente emocional. De nuevo estamos poniéndole puertas al campo: ¿Qué importa que el aftercare incluya lo físico o solo lo emocional? El concepto con el que deberíamos quedarnos es que, después de una sesión, debemos volver a la normalidad, de igual a igual, hablando de lo sucedido, limpiando cualquier rastro de malentendido, trauma o problema no resuelto durante la sesión, limpiando cualquier rastro de conflicto, por pequeño que sea, que arrastraríamos hasta la siguiente sesión, teniendo cuidado de no caer en la sobreprotección (por parte del amo), siendo completamente sinceros y exponiendo nuestras emociones al margen de cualquier rol.

Cuidar de las personas, tan sencillo como eso.

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Confondre moral amb ètica al BDSM (Confundir moral con ética en el BDSM)

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Abans de tot dir que el següent text és una visió personal que no pretén fer dogma de res ni tampoc cerca “la veritat”. Principalment perquè en qüestions de moral i ètica, tots vivim sota barems diferents, també perquè allò del color del cristall amb què es mira és aplicable a molts aspectes del que aquí s’explica.

Allò que pretenc és reflexionar sobre la perillositat de confondre moral amb ètica.

Com he dit abans, em considero una persona amoral en el sentit que la moral no condiciona els meus actes doncs entenc la moral com quelcom “imposat” durant la meva educació. La moral o, millor dit, la nostra moral es torna a construir a mesura que creixem i adquirim percepció pròpia (que no aliena) de tot allò que ens envolta. A poc a poc, la nostra moral canvia, adaptant-se a la nostra manera de veure la vida. La majoria hem estat educats en una moral cristiana (o judeocristiana) que ens deia allò que està bé o no, allò que era correcte o no. Jo vaig poder escapar a tot això en gran part gràcies al BDSM a on vaig haver de lluitar contra prejudicis morals a l’hora d’actuar com a amo. Em considero amoral, tot i que cal no confondre això amb quelcom negatiu. La moral, com a definició, és el conjunt de costums i normes que es consideren bones per dirigir o jutjar el comportament de les persones en una comunitat. Però resulta que una relació BDSM és quelcom entre dues persones a on el fet important és el consens, no la moral.

I l’ètica?

Quant a l’ètica, el BDSM té unes regles ètiques bàsiques basades en el respecte, el consens, etc. L’ètica en el BDSM hauria de ser la mateixa per a tots, basada en el respecte a les voluntats alienes. Pot semblar amoral pegar-li a una dona, però és ètic si la dona em demana que li pegui com a part d’un rol a on gaudeix amb això.

El problema arriba quan confonem la moral (que té mil colors) amb l’ètica (que hauria de tenir un només). He escoltat desenes de vegades a amos dir que ells fan el que volen amb les seves submises perquè elles són amorals. Que nassos significa això? Per molt amoral que sigui l’altra persona, l’ètica t’empeny a fer només allò que ella desitja (és a dir: els seus límits) i no allò que tu desitgis.

Podem ser amorals, però l’ètica és inviolable i hauria de ser única. Aquesta és la meva visió (probablement equivocada) de tot això. Per a molts, moral i ètica és el mateix (fins i tot per definició) però no és el meu cas i, començar a diferenciar-ho d’aquesta manera, m’ajuda en el meu dia a dia amb el BDSM.


Primero de todo decir que el siguiente texto es una visión personal que no pretende hacer dogma de nada ni tampoco busca “la verdad”. Principalmente porque en cuestiones de moral y ética, todos vivimos bajo baremos diferentes, también porque eso del color del cristal con que se mira es aplicable a muchos aspectos de lo que aquí se cuenta.

Lo que pretendo ahora es reflexionar sobre la peligrosidad de confundir la moral con la ética.

 Como he dicho antes, me considero una persona amoral en el sentido que la moral no condiciona mis actos porque entiendo la moral como algo “impuesto” durante mi educación. La moral o, mejor dicho, nuestra moral se vuelve a construir a medida que crecemos y adquirimos percepción propia (que no ajena) de cuanto nos rodea. Poco a poco, nuestra moral cambia, adaptándose a nuestra manera de ver la vida. La mayoría hemos sido educados en una moral cristiana (o judeocristiana) que nos decía lo que está bien o mal, aquello que era correcto o no. Yo pude escapar a todo eso en gran parte gracias al BDSM donde tuve que vencer prejuicios morales a la hora de actuar como amo. Me considero amoral, aunque no hay que confundir eso con algo negativo. La moral, como definición, es el conjunto de costumbres y normas que se consideran buenas para dirigir o juzgar el comportamiento de las personas en una comunidad. Pero resulta que una relación BDSM es algo entre dos donde lo importante es el consenso, no la moral.

¿Y la ética?

En cuanto a la ética, el BDSM tiene unas reglas éticas básicas basadas en el respeto, el consenso, etc. La ética en el BDSM debería ser la misma para todos, basada en el respeto a las voluntades ajenas. Puede parecer amoral pegarle a una mujer, pero es ético si la mujer me pide que la pegue como parte de un rol donde disfruta con ello.

El problema llega cuando confundimos la moral (que tiene mil colores) con la ética (que debería tener uno solo). He escuchado decenas de veces a amos decir que ellos hacen lo que quieren con sus sumisa porque ellas son amorales. ¿Qué diablos significa eso? Por muy amoral que sea la otra persona, la ética te empuja a hacer solo lo que ella desea (sus límites) y no lo que tu desees.

Podemos ser todo lo amorales que deseemos, pero la ética es inviolable y debería ser única. Esa es mi visión (probablemente equivocada) de todo esto. Se que, para muchos, moral y ética es lo mismo (incluso por definición) pero no es mi caso y, comenzar a diferenciarlo de esta manera, me ayuda en mi día a día con el BDSM.

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